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Jeannette Makenga: "Me quedo porque mi entrega es definitiva"

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Codhez

Junio 31, 2018

Jeannette Makenga habla pausado, como una maestra dedicada a que sus alumnos no solo la escuchen, sino que la escuchen bien, la entiendan e incluso tengan un lapso para formular sus preguntas.

 

Esta dedicación al hablar, es extensiva a todas sus labores. 

 

Jeannette vino a Maracaibo con la visión de servir en lugares donde nadie quiere ir. Inspirada por la labor de las hermanas belgas del Instituto de Misioneros de Cristo Jesús en su natal pueblo de Ilebo, en la República del Congo.

“A mi me gustaba todo lo que hacían esas monjas. Ellas hacían mucho bien en la comunidad y yo anhelaba ser así. Pensaba que podía hacer lo mismo que ellas en otro sitio”. Por ello, se ordenó como religiosa el 14 de marzo de 1984. Su congregación obtuvo un permiso especial luego de celebrado el Concilio Vaticano II que les permitía no usar el hábito que caracteriza a las religiosas.

“El hábito no hace a las religiosas”, dice Jeannette con convicción. Por ello, la comunidad de Etnia Guajira acostumbra a verla en mantas guajiras, o en las vestimentas de su África natal. Así siente más cercanía con la gente, sin distinciones para tratar con ella.  

Creación del CEPIN

La congregación de Misioneros de Cristo Jesús quería acercarse a las comunidades indígenas en Venezuela, y le informaron a Jeannette, recién ordenada, que debía trabajar con los “guajiros” del Estado Zulia.  

Luego de un año estudiando el el idioma español en España, fue destinada al barrio Etnia Guajira, ubicado en la zona limítrofe noroeste del municipio Maracaibo.

“Cuando llegué, el barrio estaba en condiciones de mucha pobreza. Las casas eran de lata, no había luz en el barrio, ni servicios”. Con la ayuda de la Pastoral Social de la Arquidiócesis y los Padres de los Misioneros del Sagrado Corazón, se arrendó una casa en el barrio y más tarde compraron una parcela. En ese espacio comenzaron a realizar actividades recreativas y educativas con la comunidad, cocinaban los alimentos en leña y los repartían a las familias.

Un estudio realizado por la pastoral de la Arquidiócesis reveló que existía un nivel muy alto de desnutrición infantil en el barrio. El comedor empezó atendiendo 50 niños, y, actualmente, atienden a 365 niños que se benefician del programa de alimentación.

La fundación Centro de Promoción Integral del Niño (CEPIN), además de brindar servicios de recuperación nutricional, ofrece evaluaciones antropométricas cada tres meses para conocer el crecimiento de los niños e imparte talleres de autoestima y apoyo educacional en las áreas de lectura y escritura.

 

“Siempre resaltó la generosidad de los maracuchos para el crecimiento de nuestra fundación, el niño que llega aquí tiene la oportunidad de interactuar con lo demás, socializar y motivar”, expresa Jeannette, Coordinadora del Centro de Promoción Integral. El centro posee tres módulos de construcción y espera seguir creciendo para atender a más niños de la comunidad.  

“El desarrollo es un proceso”

 

Su labor no se detiene a pesar de los obstáculos que presenta la situación de Venezuela. Siguen ofreciendo platos de comida a los niños que llegan al centro, pero advierte que la comida ya no presenta la misma calidad.

“La gobernación del Zulia a través de sus programas de alimentación, nos cubre la base de carbohidratos, pero desde hace algunos meses nos hace falta la proteína en la dieta alimenticia”. Makenga dice que para solventar ese problema, ha recurrido a las donaciones de particulares, porque de la Alcaldía ya no reciben apoyo.

Con más de 23 años en el barrio de Etnia Guajira, no tiene planes de volver al Congo, o irse a otro sitio.  “Al principio pensé que era imposible llevar esto acabo. Pero me dije, me voy a quedar para ver que va a pasar aquí. Me quedo porque mi entrega es definitiva, quiero ver cómo se desarrollan las cosas, seguir involucrando a la comunidad para generar soluciones. Veo que la comunidad ahora conoce y está empoderada, eso es muy importante”.  

Según Jeannette, otras personas han querido involucrarse en la labor que realiza, pero no todos se quedan. Ella ha aprendido a amar a su comunidad, a los niños wayuu que parecen distraídos pero que en realidad la escuchan y practican la generosidad que ella les enseña.

”Lo que me hizo quedarme es el hecho de que esto es un proceso, el desarrollo de una comunidad es un proceso y los resultados no son inmediatos ,son  a largo plazo”.

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Jeannette Makenga es la Coordinadora del Centro de Promoción Integral del Niño ubicado en el barrio Etnia Guajira, también atiende a los refugiados que llegan de Colombia a Venezuela, por su labor en el Servicio Jesuita a Refugiados, además es profesora de la Alianza Francesa de Maracaibo.

 

Ella es nuestra defensora del mes de mayo.

 

 

 

 

 

Prensa Codhez
Fotos: Ernesto Pérez

 

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